lunes, 25 de noviembre de 2013

Los años de peregrinación del chico sin color - Haruki Murakami


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Hay libros que se pueden comentar comenzando con un "me gusta" o "no me gusta". O me ha gustado esto y disgustado aquello. O incluso, en el caso de escritores noveles poder hacer un poco de crítica constructiva con mis comentarios. Pero hay novelas (y escritores) que están en un plano superior y comentarlas se convierte en un ejercicio de reflexión sobre lo que me ha transmitido la su lectura: ese es el caso de Murakami.

Descubrí a Murakami con 1Q84 y me enganché. Yo suelo diferenciar al hablar de una novela entre lo que cuenta el autor y cómo lo cuenta. Hay casos en que el argumento es suficiente para hacer que el libro sea interesante y otros casos en los que el modo de narrar es lo más atractivo. Pero Murakami, como digo, está en un plano superior, dado que no sólo me gusta cómo narra, sino sobre todo cómo me hace sentir cuando lo leo.
Es fácil al hablar del autor japonés comparar sus obras con piezas musicales, y es precisamente ahí donde reside la clave. Uno no escucha una y otra vez una sinfonía de Beethoven o una Cantata de Bach porque le resulten interesantes o le pique el final, sino porque te hacen sentir bien al escucharlas. Pues bien, leer a Murakami provoca en mí el mismo efecto; por eso de vez en cuando vuelvo a él.

En el caso de "Los años de peregrinación del chico sin color", además de lo anterior, destaca una reflexión que el autor nos empezó a presentar en 1Q84: la importancia de las decisiones y de los cambios que en nuestra vida provocan. Tenemos un chico, que en un momento dado se planteó la idea de morir al ver como su grupo de amigos, que tan importantes eran para él, le dejan de lado sin explicarle la causa.
Ese hecho, enquistado en su pasado, marcará su presente hasta que resuelva el misterio: ¿por qué?.

Insisto en que en Murakami lo de menos es el final, lo que importa es el camino, pero nos vuelve a plantear reflexiones interesantes, sobre todo para los occidentales, tan alejados de ciertas ideas orientales.

Muy recomendable.

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Me presento al concurso convocado por www.librosyliteratura.es  con esta reseña y otras presentes en este Blog. Si os ha gustado la reseña podéis votar por ella.
Muchas gracias

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lunes, 18 de noviembre de 2013

El beso más pequeño - Mathias Malzieu



Dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Yo prefiero pensar que somos el único animal que cree en las segundas oportunidades (terceras, cuartas,... bueno, sin pasarse que todo tiene un límite). Algo así me ha pasado con Mathias Malzieu.
Hace un tiempo me leí "La mecánica del corazón y La alargada sombra del Amor" y he de confesar que no me gustaron demasiado. Al menos no me quedé con ganas de leer más del autor. De hecho recuerdo haber leído por algún sitio que había publicado otro entre medias de aquellos dos y el que en esta ocasión comento y no me picó la curiosidad en absoluto.
Pero el otro día, buscando un libro en la sección de novedades de la Biblioteca de Cuéllar, me encontré con "El beso más pequeño" y me dice ¿por qué no?
Y acerté. No voy a comentar nada del argumento porque es tan breve que cualquier cosa desvelaría medio libro pero me ha parecido una historia preciosa; francamente entrañable. En este caso Malzieu no abusa tanto de la estética Tim Burton para centrarse en unas cuantas metáforas fáciles de seguir y una historia más humana, más real.
Por su duración, por su temática y por las fechas en las que estamos, lo recomiendo para la típica tarde de lluvia y frío en la que cambias el salir a la calle por la manta y el sofá. Os aseguro que no os va a defraudar.

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Las lágrimas de San Lorenzo - Julio Llamazares


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Muchas veces pienso que comentar una obra de arte es como explicar un chiste, en el fondo le quita la gracia. Creo que el arte es un lenguaje, y cuando se produce, cuando el artista conencta con el espectador, lo que se siente es difícil de explicar.
No tengo demasiado problema en comentar novelas que me han gustado, que no me han gustado, o que me han dejado indiferente; pero de vez en cuando hay libros que te cambian, con los que conectas y que cuesta comentar dado que temes que se pierda la magia. También, por otro lado, me cuesta recomendarlos porque me da miedo que a alguien no le guste tanto como a mí y me genere dudas; no sobre lo que me gusta, sino sobre mis recomendaciones.
Suele pasar con muchas cosas: una ciudad, un restaurante, un vino, ... Tú le dices a un amigo, come en tal sitio, que seguro que te va a encantar. Y si no le gusta sólo te queda un argumento válido: pues a mi me encanta; será cuestión de gustos.
Pues eso: me ha encantado la novela de Julio Llamazares. Porque encuentra el equilibrio entre poesía y narración. Porque las reflexiones que plantea me parecen muy acertadas, muy profundas, muy meditadas. Porque consigue trasladarte a la escena, donde ese padre y ese hijo, contemplan la lluvia de estrellas en la noche de San Lorenzo. Pero sobre todo porque te das cuenta de que ese libro habla de la vida, de la vida de verdad, y no ese sucedaneo que nos venden últimamente con la intención (valga la redundancia) de vendernos de todo.
Siento a pesar de todo que he entendido como el 60% de la novela. Pero tengo la tranquilidad de que sé lo que tengo que hacer para entender el resto: dejar que pasen los años, envejecer, y así enterderé todo lo demás. Porque la vida, hay que vivirla, para entenderla.
Una gran obra, un gran autor.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

De qué hablo cuando hablo de correr - Haruki Murakami


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Desde la niñez uno piensa que si junta dos cosas que le gustan mucho, necesariamente la mezcla tiene que ser mucho mejor. No voy a hablar aquí del famoso bocadillo de nocilla con chorizo, pero con este libro me ha pasado algo parecido a lo que me pasó cuando probé la mezcla anterior: no está mal, pero no volvería a repetirlo.
Y es que en los últimos años mi tiempo libre se ha visto ocupado por dos aficiones compatibles pero muy diferentes como son correr y leer; y dentro de la lectura no puedo ocultar mi devoción por Murakami, así que pensé que un libro del autor japonés sobre correr sería genial. Pues no del todo.
La lectura está bien. Murakami nos cuenta sus reflexiones sobre correr y sobre escribir y de paso sobre ciertos aspectos de la vida en general, pero nada más. Lo que me gusta de Murakami es que crea una cierta paz interior en mí con su modo de narrar, me relaja, me llena. Pero cuando reflexiona, no me pasa lo mismo.
Así que no deja de ser un libro sobre correr y sobre escribir. Personalmente no me interesa el proceso creativo: no soy de los que les gusta saber cómo se pintó tal cuadro, se compuso tal sinfonía o se escribió tal libro. Yo disfruto contemplándolo, escuchándolo, leyéndolo y ya está. Casi me resulta más interesante saber cómo se construyó tal puente o tal edificio.
Y con lo de correr, Murakami es un alumno aventajado (corre en serio, como dice él) pero no un profesor, con lo que sus técnicas, métodos,... no tienen porque servirme como corredor.
Con todo, no está mal. Se deja leer y tiene reflexiones interesantes, pero nada que ver con sus novelas.